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         de Don Félix García Salas
                                          "El Poeta Loncco"

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Poemas Lonccos de Don Félix García Salas, el "Poeta Loncco" de Arequipa

Por: PoemasLonccosdedonFelixGarciaSalas | Creado: 01/10/2010 18:17 | | #Cont:16

INTRODUCCIÓN

 

M

is plateadas sienes, quemadas por las ideas del rescoldo, que arde en mi cerebro, por los versos que guarda; inspirado en las vivencias de mis antepasados, en  el “qquetinbeo” de una vida, donde rebalsaban los sentimientos y los afectos, morir con ellos sería una egolatría, un pecado mortal a la memoria de mis progenitores, de los que heredé sabias enseñanzas, respeto a la vida y el arte; como artista loncco, ofrezco lo mejor que puedo hacer en poesía: el auténtico modo de hablar del Loncco Arequipeño.
 Don Félix García Salas y su perro cuardiánPor eso, que he escrito este libro como un legado para las futuras generaciones de Arequipa, mis sencillos versos, son la realidad de las costumbres del  hombre que trabaja el campo. Pero antes, pido perdón a la Literatura, por faltar algunas de sus reglas gramaticales; mis versos no se hicieron en una  carpeta, si no “dobla'u” en el campo, acariciando los surcos, o boliando las semillas; creo que, así como las aves en sus cantos tienen compás y armonía, los humanos, que no somos muy preparados, también podemos tratar de hacer con perfección nuestras trovas.
El Loncco es el hombre arequipeño que domina el campo, y la Poesía Loncca su manifestación literaria, con palabras oriundas, que no son ni quechua ni español, son arequipeñas, que matizan el buen Castellano, con un dejo algo perezoso, que se encuentra “ensurainado” entre nuestros cerros y volcanes, del que no se escapa ni el más pulcro de sus habitantes; es la marca que nos identifica: ser naturales de esta tierra prodigiosa; es por eso, que como legítimo loncco, por ser hijo y nieto de lonccos, he querido poner un grano de arena en el folklore de mi pueblo, dando a conocer el arte del cual nadie quiere hablar, sólo los verdaderos arequipeños que se sienten muy orgullosos de tener su Yaraví y su Poesía Loncca.
Creo que por primera vez se escribe un Diccionario Loncco, para que los niños, que deben leerlo por cultura, comprendan la poesía y sepan que Arequipa tiene un dialecto muy singular, que debe quedar en sus mentes, como un recuerdo de la forma cómo hablaron nuestros antepasados y, actualmente, hablan los verdaderos arequipeños en sus pueblos tradicionales.
Es por eso, que entrego a mi Arequipa esta inspiración auténticamente loncca, sin palabras, ni técnicas rebuscadas; la proliferación de nuestros sentimientos lonccos por muchas personas sin autoridad, es una burla, una mofa a nuestro modo de hablar; para escribir una realidad hay que vivirla.
Mi deseo es que al leer este recuerdo, salgan muchos trovadores legítimamente campesinos que escriban y lean con respeto la Poesía Loncca, en homenaje a nuestra bella Arequipa.

            Arequipa, enero l996

â Félix M. García Salas


 

SALUDO LONCCO

 

Desde un bello rincón arequipeño,

he veni'u invita'u por la curiosidad

para saludarte Blanca Ciudad

en vísperas de tu cumpleaños.

Mi sombrero gasta'u y terno de paño

lo he ccapicha'u en mi vieja barrica;

como soy Loncco que no se achica,

engomina'u y con mi mejor traje,

he veni'u a rendirte mi homenaje;

a tirar prosa en tu día, Arequipa.

 

Ensillé mi mejor caballo de paso

al primer repique de la campana,

un ccachi de tosta'u de mi ancana;

mi quipo lleno pa' gozar a todo lazo

y la guitarra pa' empeñarla por un caso;

aunque no haya entrada de ccapo,

tomaré diana con el mejor huacto;

estaré en la "joroba", "jorobita" y "jorobete",

y, si puedo aguantar, en el "andá y volvete";

porque soy un Loncco Arequipeño nato.

 

También te he traido una ceronada

de mis más mejores "lonccos versos",

guardarlos en mis arqueados tercios;

desgranados con mi modesta tonada,

dedicártelos quiero a ti, tierra amada;

tomar con nuestro Misti caballero

la chicha con el Tuturuto pendenciero;

cantar con Melgar y los Cerpa y Llosa,

una flor de texao pa' la chica más hermosa,

y, para ustedes, el corazón de este Loncco Chacarero.

 

 

EL GAÑÁN

 

¡Ya se ha muerto el Gañán!,

se quedó solo el patrón,

se quedó sola la yunta,

se quedó solo el canchón.

 

Ya no habrá quien madrugue;

está balando la yunta ,

no le trayen su tercio de chala,

no le trayen su ración.

 

No viene el caminar lento,

ese obligado tormento

se está muriendo de pena,

cómo extraña a su aijón.

 

Se van a secar las coyundas,

se va a rajar ese yugo;

cómo se oxidará ese apero

cómo se resecará el barsón

 

Nadie consuela a la yunta,

no se levanta del suelo,

está perdiendo el resuello

de tanto mirar al pantión.

 

Quién hará ese barbecho,

ni ese surqueo derecho;

cómo harán ese melgueo,

quién recibira la ración.

 

Quién ordenará ese muyuri,

quién las chullas sacará;

no desensurainarán la ambona,

se acabó el mejor peón.

 

Se acabó el loncco huesudo,

el loncco de duros callos;

aquél que doblegó la tierra

hoy descansa en el pantión.

 

 

EL RACCAY MÁS BELLO

 

Para que el Loncco no esté con la idea,

Dios hizo Arequipa en Sagrada Epopeya;

arquiando con su arte la loncca Naturaleza,

pintó este raccay más teqque de belleza.

 

Accolpachó las nubes en el Misti canoso;

le puso huaccali y quebradas como rebozo;

le horquilló una Flor del Texao en el ojal,

imponente y orgulloso como el Pavo Real.

 

Con sus brazos extendidos, dando abrigo,

el Pichupichu, al la'u lloqque, cubre el frío;

el Chachani con su pucuna sopla y meneya

al que fue ucumare y, hoy, ccariche Sabancaya.

 

Por un tajo que hizo la arquitectura Divina, 

trotea el Chili por la quebrada de Chilina:

ccatatando las lágrimas desde la fría puna, 

silbando una Pampeña hasta su adorada cuna.

 

Luego, las acequias llevan el preciado vigorón,

pa' humariar las plantas del más lejano rincón;

como redoble de tambores, chúcaras aguas van

acompasadas con los repiques di'un sacristán. 

 

También el Loncco con su lampa, apero y ayjón, 

borda la alfombra verde de la campiña, sin ración;

con el sillar blanco, que la tierra vomitó,

con el arte y tesón que de sus padres heredó.

 

Y desde la roca de Sachaca, de su alto Mirador,

bendice al raccay más bello, el Divino Redentor;

en esas alturas, donde el viento se pone a silbar 

los tristes yaravíes del poeta Mariano Melgar.

 
 
 

LA PICANTERÍA

     

Cómo poder olvidarte, Picantería de mis pueblos,

donde sonccaba la chicha, la usma o la sayana,

con el picante jayari pa' apaciguar la mañana;

mascando  un chinchucho, con ese chaqque de nabos.

 

Cómo no recordar  tus  tiznadas paredes de adobe;

tu techo de tijera, con su ccechincha llorona;

tus claraboyas pintadas por esa paila glotona,

tras la tinaja, un chasca para que no te roben.

 

Tus chombas de chicha, llenas  y con espuma,

la candela en la cconcha consumiendo una raja;

dos maillanas sudorosas peleando en la tinaja,

sacando la última gota al anchi de la seisuna.

 

Tu alegre pendón rojo, en la puerta  nos llamaba;

la humareda en la chiminea derramaba el apetito,

cuando la coneja se quejaba del cututo con un grito,

mientras el carcoso "gato cconchero" miraba

 

Cómo voy a olvidar al huinco jalando el cconcho, 

y cuando soplan la teqque, con esa larga pucuna; 

a la cuchara de palo, meniando el locro pa' la hambruna; 

y al Loncco enccapichado con su chalina y su poncho.

 

Y la  hermosa picantera,  con sus trenza mal peinada,

siempre carajiando mientras  la gota gorda sudaba,

silbando su triste, al  son de su batán y chaqquena,

y moliendo su llatan de anauchos pa' la picantiada.
 
 

¡SI'AVENTÓ LA VACA...!

 

Un grito en el frío amanecer

destempló a un modesto loncco,

de un vecino de su pequeño fundo,

que lo gritaba a todo pulmón:

¡Agapooo...! ¡la vaca si'a aventa'u...!

Corre el loncco, con su dolor a cuestas,

ccaclla una rama de su viejo molle;

estaba muriendo su gueg-ra vaca;

se había roto el gastado astero,

se aventó con el serenado brote.

En el frío suelo, balaba a su dueño,

por la panza llena que la fatigaba;

sólo su cría, con su débil resuello,

acariciaba el pelo y el calor le daba;

también los perros con su ladrido

llamaban gente pa' la vaca amada.

Alocado el Loncco de lo que pasaba,

buscó la ternilla y le abrió el hocico,

le metió el molle pa' que regoldara;

no tenía eructo, no botaba nada,

¡estaba muriendo la que leche daba...!

Clamaba a Dios a todo lamento

con su mujer y sus tiritantes guaguas.

A la panza, agua; y al, hocico trago;

un poco de barro y  bicarbonato;

cerraba los ojos, ¡se estaba muriendo...!

Le hundió la navaja en el duro cuero,

le picó la panza pa' sacarle el aire,

pa' sacar la bazofia, le metió la mano.

La triste mañana, quedó en silencio

porque las avecillas también contemplaban

a la vaca amiga del bello paisaje;

no comprendían por qué estiró la pata;

agitados todos no hallaban que hacer.

Ya que el triste Loncco carajiaba al mundo,

mientras de rodillas su fiel compañera

chirgüía la última gota de la dulce leche

de las t etas frías de la ubre muerta;

no quería perder la materna ayuda

que la vaca daba a sus hambrientas guaguas.

 

EL YARAVÍ

 

¿Por qué te están olvidando, Yaraví?

Te parió la pena, te parió el celo,

en la luna llena o en algún desvelo;

¡no mueras!, vive, masqueseya por mí.

 

Naciste en la esquina di'una chichería,

en las cuerdas tristes di'un madero,

en el quebranto di'un viejo chichero,

al pie di'un fogón di'una noche fría.

 

Inspiración loncca hecha lamento,

el tormento di'un corazón que suena,

el semblante triste de una pampeña,

decima o cuarteta carajiando el llanto.

 

Versos que cantan sollozos di'una pasión,

en las ccoccas rejas di'una mujer amada,

reclaman beso, una caricia, una mirada,

como plegaria di'un cariño en prisión.

 

Lágrimas enjugadas en tiznada ramada,

dentro la humareda di'un fondo de chicha,

con fuerte anizado buscando la dicha,

gorgojeando el Loncco y la triste guitarra.

 
 

EL AMONTONO

 

Una escarchada tablada de papas,

en el fresco amanecer espera

al amontonador que surquea

después del guaneo, con chacas.

 

Brillan en el hombro sus lampas,

en su tranco firme por la raima,

se reúnen los lonccos pa' la faina,

cruzando a prisa verdes pampas.

 

Sus sombreros pintados con sudor,

de muchas jornadas de esfuerzo,

mientras un silbo tararea un verso,

impaciente por comenzar su labor.

 

Sólo esperan que la hora ordene,

pa' principiar a rajar la tierra;

afilan su lampa con una piedra,

pa' que no haya suraino que la frene.

 

Rompe con un carajo el más viejo,

es el capitán que encalla la lampa,

levantando la primera tranca,

el más mandón por ser el más trejo.

 

Doblan la espalda en el surco,

agarrando cada uno su pata;

las acarician de mata en mata,

ablandando el terreno quirco.

 

Al cual mejor, sacan su contada,

pa' que las critique el cruel capitán;

si trabajan mal, las papas no dan,

como el pecho de la paloma la chaca.

 

Sus camisas húmedas por el sudor,

por gastar la lampa con sus callos,

arreyando la tierra pa' los tallos,

con sus bromas pa' mitigar el dolor.

 

El patrón Calilla ayuda al más lerdo,

el sobón Alférez al viejo capitán,

cuando solpla la chicha que dan,

y el más taima'u se hace el sordo.

 

Sólo cuatro riales por el esfuerzo,

cuando se terminó el destajo;

más caro fue el bendito ¡carajo!

por ganar las papas pa'l almuerzo.
 
 

EL GRANERO

 

Pajar hecho con el sudor de mis tatas,

adobes pircados con el podri'u barro,

pa' guardar el resto del fruto cosecha'u;

granero con tijeral de la mejor madera,

con su techo de paja y tortia'u de cal;

sus claraboyas buscando rayos del sol

y covachas pa' guardar lo más sagra'u.

Donde roncaban las palas traspalando

el montón de trigo mentana guarda'u;

donde se curtían las quircas reyatas,

como cordeles que jalaban  paredes,

cargando el charqui del gana'u aventa'u

y petates de llama con grano cambia'u,

donde los ensullados montones de papa

buscando luz hasta que la siembra llegue:

blanca, negra, salamanca y chaucha.

Los dientes arrugados del maíz chulpe:

el culle negro y el colora'u chapudo

esperaban su desgrano de año en año.

¡Mi viejo granero!,  ¡cómo te extraño!,

baúl de los trofeos ganados con trabajo,

de las viejas monturas de cajón colgadas,

ccoccas barretas que en cerros peliaron;

duras riendas que amansaron a los potros

yugos que ccaitiaron a los toros y bueyes.

gastados aperos que amasaron tierra,

cabos de lampas comidos por los callos,

qquepinoñes en caronas de cargar trigo,

y sinchos con accoccayados garabatos.

¡Cómo te extraño!, mi viejo granero...

ya no abre a tu puerta la llave de loba,

se accoccayo la chapa por falta de uso;

te deboró el tiempo, mitigando el  hambre;

los moscardones, tu madera tragaron,

se cayó tu techo, por no mirar su dueño

a tus paredes la carcomió la lluvia;

regresó a la tierra donde la trajeron.

¡Mi viejo granero!, hoy abandonado;

lloraría de pena si te viera el dueño,

volvería a morir con un desmayo,

por su "guardador de su pan pa' mayo".
 
 

LA CCONCHA

 

Siempre la quija del Loncco

en tres tiznadas piedras moría,

era la cconcha que en la chacra

en ceniza las huacacaras volvía;

eran las tres piedras acaloradas

calientes del rescoldo guardado,

un pedazo de charqui chancca'u

en la piedra a la presa la doraba;

boca'u que hacía qquetimbiar

con un mordiscón di'una cebolla,

un vaso chicha husma o sayana

sacaba el qquechuro con sudor;

luego la olleta con agua y vapor

agotaba el aderezo de ajo y sal

con la carne de res del camal,

pa' hacer el chaqque de nabos;

papas del vecino llauqquiadas,

bien chanccadas en el batán,

con un choclo verde ccahuiu

y patasca del buen trigo remoja'u;

tripas y cecina pa' espesar el río,

verdura ccachida, una taja zapallo;

también ají colora'u pa' dar color;

chicharrones pa' mejorar el sabor,

en la ancana un ccachi de tosta'u;

el Loncco se quedaba esponja'u

al pie de la cconcha qui'an olvida'u.
 
 

LA LECHERA

 

El desayuno del mejor brote

traía alegremente en el alba,

la leche blanca en su carga,

llegaba con pausado trote

y arreyando con su quirco azote,

Lecherita de mis recuerdos;

causante de mis insomnios;

¡adiós ccala malamedra!,

saludas a mi raimada suegra...

Así, deshojaba sus dichos lonccos.

 

Siempre fresca como una rosa,

en su burra parda montada;

cómo quemaba su hechicera mirada;

bien sonriente y salerosa,

como buena arequipeña, tirando prosa;

de reyatas y lloqque duro, su cerón.

con sus limpios porongos de latón,

mientras ella, su yaraví silbaba,

su inquieta burra rebuznaba,

oliendo pa' meyar, buscaba un rincón.

 

Jala'u pa'trás su huaccali sombrero;

pa' un la'u sus piernas con su pollera,

las largas trenzas de su cabellera

que abrigaban a su pecho hechicero,

arrancando suspiros del mejor caballero.

Con su ccocco litro por medida,

repartía la blanca y materna bebida,

entre los soñolientos ccalas galgos,

apeyándose y montando con ágiles saltos.

¡Buenos días comadrita...!, ¡burra...!

 

Y  hace tiempo la espero en la esquina

a mi hermosa y cautivadora lechera,

creo que algún loncco la tiene prisionera

o la auyentó la edionda gasolina,

nadie me da razón, ni los vientos de la cima.

Pobre y triste, por mi mala suerte,

ya que por orgullo no quise quererte,

mi corazón ya está qquetinbiando,

inclencle estoy por haberte amado tanto,

quiero olvidarte, pero sólo con la muerte.
 
 
 

EL RAJADIABLOS

 


Dicen que rajaba los diablos

por los chicotes cruzados,

corriendo de un la'u pa'l otro

en su viejo caballo alazán.

Con su montura de cajón

y sus riendas de cuero'i llama,

hacia lo que le daba la gana

sin tener respeto al montón;

por haber vivido a todo lazo,

a nadie hacía caso,

cuando tuvo sus veinte años

era un joven osccollo asusta'u,

pero cuando estaba monta'u

y con su surriaga en la mano,

amanecía siempre corretiando 

por tomar té pitia'u temprano.

Era un loncco de pocas palabras,

¡donde ponía el ojo ponía la bala!;

si su zurriaga tronaba

era porque buscaba a su amada;

luego de espolear su caballo ,

se perdía en el oscuro polvo,

sin pronunciar ninguna palabra

pero con una maltona en el anca.

Su viejo alazán muy engreído,

por la  panzada de biscochos

que en su sombrero le daba,

con una copa de vino

en su bota de buena cabritilla.

Cuando estaba en borrachera,

su alazán lo buscaba;

entraba a la tienda a sacarlo,

lo despertaba con su resuello,

hociquiándolo fuerte en  el cuello,

lo sacudía hasta despertarlo;

así gozaban a todo lazo la vida,

dos amigos pasiando el orgullo.

Una triste mañana, no lo encontró

se habían robado a su alazán;

buscaba como loco el rastro,

y lo encontro tendi'u en el pasto:

bañau en sudor y tiritando;

se  había regresa'u cojiando

con sus dos piernas quebradas;

quizás saltando una acequia

con esfuerzo o en un hueco  

di'un mal camino,

maldecía al ladrón a sesino

y al que encontraba a su paso;

tenía que pegarle un balazo

pa' quitarle el cruel tormento;

no encontraba el armamento,

se escondieron sus amigos,

sólo sus perros por testigos

tomó la más triste  decisión;

sacó un ccaito di'un costal

y le tuvo que atar el hocico;

buscó una lampa y un pico,

se puso abrir la sepultura,

mientras el animal pataliaba;

él su sudor y lagrimas se tragaba,

despidiendo tan noble animal.

Paso el tiempo despiadado,

cabizbajo y muy encorbado,

tuvo que aprender a caminar,

a sufrir y olvidarse de gozar,

dobló el pico y calló el ocico,

porque en esta triste vida

"los orgullos y vanidades

nunca duran eternidades".

 
 

EL CAMAYO

 

Una braza en la noche se anima,

se columpia en el oscuro campo;

es el cigarro que tirita en la mano

di'un camayo que se atolla regando.

 

Con su lampa que lleva en el hombro,

busca los bordos pa' sacar la chamba;

agitado, chimba la escarchada hierba

endilgando surcos, arreglando trancas

 

Compone la chaca que'stá mal formada,

sacando la pata que no está surquiada;

sacando el suraino pa' que no deslave,

controla la huaica en la chacarina.

 

Arrechina todo pa' que nada escurra,

la hora le gana, el chilicuto advierte;

el qquesqque se mofa, el g allo lo apura;

el frío acaricia la silenciosa lucha.

 

Las plantas tawis deben ser regadas,

hasta que la mita con dolor se acabe;

riega una calle, riega una tablada,

correteando de la cabecera hasta la culata.

 

Buscando la sequedá', de mata en mata,

no pierde ni gota, pa' que no haya caida;

sus botas le ayudan sin temer al barro;

está ladrando el perro para la cascada.

 

Una carajiada, con el rondador y nada,

la compuerta caye y le corta el agua;

el loncco triste por no acabar su faina,

remanga su poncho y cierra el boquerón.

Una pequeña braza se columpia y se aleja...

"es un cigarro que tirita en la mano

de un viejo camayo que estuvo regando".

 
 
 
 

EL LAMENTO

 

 

El loncco de don Manuel Toribio,

desgraciado desde su modesta cuna,

se casó con la colérica de doña Eulalia,

la picantera más afamada del pueblo.

¡Cómo lo hacía trabajar esta señora...!

 

— ¡Ya salió el lucero...!, ¡hay que cargar agua...!,

¡hay que llenar la paila pa' la chicha...!,

¡los cuches están hociquiando el corral!,

¡están de hambre!, ¡lleváles la ccaccallocca!,

¡las gallinas están picando el guano...! —

 

— ¡Lleváles el anchi que se está mosqueando!,

¡esos conejos se van a comer entre ellos!;

¡¿no has podi'u ccachir un poco de alfalfa?!  

ahurá, ¡no hay ccapo, raíces, ni guano!,

¿qué vas atizar en la cconcha?, ¡malaveni'u...! —

 

— ¡Corré corriendo!, ¡llevá el gana'u a la chacra!,

¡ya se los están comiendo las moscas!;

¡tenís que lavar la tinaja y las chombas!,

¡se va a picar esa chicha, ¡carajo...! —

 

— ¡¿qui'hacís para'uái escuchando...?!,

¿querís saber lo que conversamos...?,

¿no tenís que hacer?, ¡badulaque...!

¡andá a desempoyar el güiñapo!

y al seco de la hera, ¡lleválo al molino...! —

 

Lo trataba como un burro de estaca,

aunque rezongando, pero lo hacía;

pa' doña Eulalia todo estaba mal...

 

Un día, llevaba en la burra el güiñapo,

pero, para el mal de sus culpas,

se le atravesó un burro mañoso

y se la llevó qquetimbiando a su burra;

llegó la noche y no la pudo encontrar.

 

— ¡Eulaliaaa...!,

¡un burro se la ccatata'u a la burra...!,

¡me' cansa'u de buscarla y no sé a'nde si'aido...! —

 

— ¿Y tu'avía tienes cara pa' venir...?

¡no quiero ni verte hasta que la encontrís!

¡te voy acabar la tocpina en el lomo!,

¡Cuchimacho...!, ¡Relincho!, ¡Hunter bandi'u! —

 

Don Manuel Toribio estaba más asusta'u

que una cuche dentro del maiz;

buscaba y buscaba, y no la encontró,

así que se mandó a cambiar,

y se fue a las Minas de Potosí.

 

Pasaron los días..., y doña Eulalia

comenzó a extrañar a su mari'u;

por las tardes, subía a lo más alto del cerro

y lloraba con enternecedor sentimiento,

y decía:

 

— ¡Manuel Toriii...bio veníii...teee...!,

¡ya la burra aparecióoo...!

¡en la raya de Hauranguillooo...!

Manuelitooo... compañeritooo...;

¡veníii...teee... Manuelitoooo...!

Manuelitooo...compañeritooo...

¡Aaay...! —

 

Ni los ecos de los cerros le contestaban,

sólo su vecina, una modesta campesina,

que afligida gritando pedía ayuda:

— ¡alcohoool... alcohoool... alcohoool...! —

 

 
 

LOS APODOS LONCCOS

 

En mi pueblo había un sacristán

que a todos les ponía apodos lonccos

Que dónde vive don "Juan Cuete",

más abajo de la "Capa Cuche";

que hoy está de santo el "Cutire",

mañana el "Ollaimote" y el "Qquesqque",

pasa'umañana el "Ccaspa'u" y el "Perol".

El "Cherche", "Sacuchichas" y "Getadioro",

ayer si'an ccospia'u; el "Ccalamiche"

con el "Flor de papa", y el "Qquecheras"

el "Pesioso" y "Caimainar" miraban;

el "Pan con llatan", el "Copaipalo"

discutían con el "Cinco pa' la una",

causa del "Ccariche" y el "Orejailata"...

Si'aido amontonar ahurita el "Bajamar",

el "Pata maldita", el "Tawa" y el "Pichus"

donde el "Occotefino" al Agramayo,

y a'nde la "Mula", la "Remula" y la "Bestia";

si'aniu el "Lloqque", el "Chocca" y el "Palote",

el resto, a'nde el "Pecho'ilata"

y el "Timón de apero y  palo";

nadie a'ido a'nde el "Churanas",

a'nde el "Choroilas"  y el "Siete siete";

mientras que el "Aeropajita",

el "Media lampa", el "Santo quema'u",

el "Boca'ifierro", el "Charqui" y el "Güicho"

están asoliándolos el la Plaza,

ocupándose del mundo entero.