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de Don Flix Garca Salas
"El Poeta Loncco"

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Poemas Lonccos de Don Flix Garca Salas, el "Poeta Loncco" de Arequipa

Por: PoemasLonccosdedonFelixGarciaSalas | Creado: 01/10/2010 18:17 | | #Cont:19

INTRODUCCIN

 

M

is plateadas sienes, quemadas por las ideas del rescoldo, que arde en mi cerebro, por los versos que guarda; inspirado en las vivencias de mis antepasados, en  el qquetinbeo de una vida, donde rebalsaban los sentimientos y los afectos, morir con ellos sera una egolatra, un pecado mortal a la memoria de mis progenitores, de los que heredé sabias enseanzas, respeto a la vida y el arte; como artista loncco, ofrezco lo mejor que puedo hacer en poesa: el auténtico modo de hablar del Loncco Arequipeo.
 Don Félix Garca Salas y su perro cuardinPor eso, que he escrito este libro como un legado para las futuras generaciones de Arequipa, mis sencillos versos, son la realidad de las costumbres del  hombre que trabaja el campo. Pero antes, pido perdn a la Literatura, por faltar algunas de sus reglas gramaticales; mis versos no se hicieron en una  carpeta, si no dobla'u en el campo, acariciando los surcos, o boliando las semillas; creo que, as como las aves en sus cantos tienen comps y armona, los humanos, que no somos muy preparados, también podemos tratar de hacer con perfeccin nuestras trovas.
El Loncco es el hombre arequipeo que domina el campo, y la Poesa Loncca su manifestacin literaria, con palabras oriundas, que no son ni quechua ni espaol, son arequipeas, que matizan el buen Castellano, con un dejo algo perezoso, que se encuentra ensurainado entre nuestros cerros y volcanes, del que no se escapa ni el ms pulcro de sus habitantes; es la marca que nos identifica: ser naturales de esta tierra prodigiosa; es por eso, que como legtimo loncco, por ser hijo y nieto de lonccos, he querido poner un grano de arena en el folklore de mi pueblo, dando a conocer el arte del cual nadie quiere hablar, slo los verdaderos arequipeos que se sienten muy orgullosos de tener su Yarav y su Poesa Loncca.
Creo que por primera vez se escribe un Diccionario Loncco, para que los nios, que deben leerlo por cultura, comprendan la poesa y sepan que Arequipa tiene un dialecto muy singular, que debe quedar en sus mentes, como un recuerdo de la forma cmo hablaron nuestros antepasados y, actualmente, hablan los verdaderos arequipeos en sus pueblos tradicionales.
Es por eso, que entrego a mi Arequipa esta inspiracin auténticamente loncca, sin palabras, ni técnicas rebuscadas; la proliferacin de nuestros sentimientos lonccos por muchas personas sin autoridad, es una burla, una mofa a nuestro modo de hablar; para escribir una realidad hay que vivirla.
Mi deseo es que al leer este recuerdo, salgan muchos trovadores legtimamente campesinos que escriban y lean con respeto la Poesa Loncca, en homenaje a nuestra bella Arequipa.

            Arequipa, enero l996

Félix M. Garca Salas


 

SALUDO LONCCO

 

Desde un bello rincn arequipeo,

he veni'u invita'u por la curiosidad

para saludarte Blanca Ciudad

en vsperas de tu cumpleaos.

Mi sombrero gasta'u y terno de pao

lo he ccapicha'u en mi vieja barrica;

como soy Loncco que no se achica,

engomina'u y con mi mejor traje,

he veni'u a rendirte mi homenaje;

a tirar prosa en tu da, Arequipa.

 

Ensillé mi mejor caballo de paso

al primer repique de la campana,

un ccachi de tosta'u de mi ancana;

mi quipo lleno pa' gozar a todo lazo

y la guitarra pa' empearla por un caso;

aunque no haya entrada de ccapo,

tomaré diana con el mejor huacto;

estaré en la "joroba", "jorobita" y "jorobete",

y, si puedo aguantar, en el "and y volvete";

porque soy un Loncco Arequipeo nato.

 

También te he traido una ceronada

de mis ms mejores "lonccos versos",

guardarlos en mis arqueados tercios;

desgranados con mi modesta tonada,

dedicrtelos quiero a ti, tierra amada;

tomar con nuestro Misti caballero

la chicha con el Tuturuto pendenciero;

cantar con Melgar y los Cerpa y Llosa,

una flor de texao pa' la chica ms hermosa,

y, para ustedes, el corazn de este Loncco Chacarero.

 

 

EL GAN

 

Ya se ha muerto el Gan!,

se qued solo el patrn,

se qued sola la yunta,

se qued solo el canchn.

 

Ya no habr quien madrugue;

est balando la yunta ,

no le trayen su tercio de chala,

no le trayen su racin.

 

No viene el caminar lento,

ese obligado tormento

se est muriendo de pena,

cmo extraa a su aijn.

 

Se van a secar las coyundas,

se va a rajar ese yugo;

cmo se oxidar ese apero

cmo se resecar el barsn

 

Nadie consuela a la yunta,

no se levanta del suelo,

est perdiendo el resuello

de tanto mirar al pantin.

 

Quién har ese barbecho,

ni ese surqueo derecho;

cmo harn ese melgueo,

quién recibira la racin.

 

Quién ordenar ese muyuri,

quién las chullas sacar;

no desensurainarn la ambona,

se acab el mejor pen.

 

Se acab el loncco huesudo,

el loncco de duros callos;

aquél que dobleg la tierra

hoy descansa en el pantin.

 

 

EL RACCAY MS BELLO

 

Para que el Loncco no esté con la idea,

Dios hizo Arequipa en Sagrada Epopeya;

arquiando con su arte la loncca Naturaleza,

pint este raccay ms teqque de belleza.

 

Accolpach las nubes en el Misti canoso;

le puso huaccali y quebradas como rebozo;

le horquill una Flor del Texao en el ojal,

imponente y orgulloso como el Pavo Real.

 

Con sus brazos extendidos, dando abrigo,

el Pichupichu, al la'u lloqque, cubre el fro;

el Chachani con su pucuna sopla y meneya

al que fue ucumare y, hoy, ccariche Sabancaya.

 

Por un tajo que hizo la arquitectura Divina, 

trotea el Chili por la quebrada de Chilina:

ccatatando las lgrimas desde la fra puna, 

silbando una Pampea hasta su adorada cuna.

 

Luego, las acequias llevan el preciado vigorn,

pa' humariar las plantas del ms lejano rincn;

como redoble de tambores, chcaras aguas van

acompasadas con los repiques di'un sacristn. 

 

También el Loncco con su lampa, apero y ayjn, 

borda la alfombra verde de la campia, sin racin;

con el sillar blanco, que la tierra vomit,

con el arte y tesn que de sus padres hered.

 

Y desde la roca de Sachaca, de su alto Mirador,

bendice al raccay ms bello, el Divino Redentor;

en esas alturas, donde el viento se pone a silbar 

los tristes yaraves del poeta Mariano Melgar.

 
 
 

LA PICANTERA

     

Cmo poder olvidarte, Picantera de mis pueblos,

donde sonccaba la chicha, la usma o la sayana,

con el picante jayari pa' apaciguar la maana;

mascando  un chinchucho, con ese chaqque de nabos.

 

Cmo no recordar  tus  tiznadas paredes de adobe;

tu techo de tijera, con su ccechincha llorona;

tus claraboyas pintadas por esa paila glotona,

tras la tinaja, un chasca para que no te roben.

 

Tus chombas de chicha, llenas  y con espuma,

la candela en la cconcha consumiendo una raja;

dos maillanas sudorosas peleando en la tinaja,

sacando la ltima gota al anchi de la seisuna.

 

Tu alegre pendn rojo, en la puerta  nos llamaba;

la humareda en la chiminea derramaba el apetito,

cuando la coneja se quejaba del cututo con un grito,

mientras el carcoso "gato cconchero" miraba

 

Cmo voy a olvidar al huinco jalando el cconcho, 

y cuando soplan la teqque, con esa larga pucuna; 

a la cuchara de palo, meniando el locro pa' la hambruna; 

y al Loncco enccapichado con su chalina y su poncho.

 

Y la  hermosa picantera,  con sus trenza mal peinada,

siempre carajiando mientras  la gota gorda sudaba,

silbando su triste, al  son de su batn y chaqquena,

y moliendo su llatan de anauchos pa' la picantiada.
 
 

SI'AVENT LA VACA...!

 

Un grito en el fro amanecer

destempl a un modesto loncco,

de un vecino de su pequeo fundo,

que lo gritaba a todo pulmn:

Agapooo...! la vaca si'a aventa'u...!

Corre el loncco, con su dolor a cuestas,

ccaclla una rama de su viejo molle;

estaba muriendo su gueg-ra vaca;

se haba roto el gastado astero,

se avent con el serenado brote.

En el fro suelo, balaba a su dueo,

por la panza llena que la fatigaba;

slo su cra, con su débil resuello,

acariciaba el pelo y el calor le daba;

también los perros con su ladrido

llamaban gente pa' la vaca amada.

Alocado el Loncco de lo que pasaba,

busc la ternilla y le abri el hocico,

le meti el molle pa' que regoldara;

no tena eructo, no botaba nada,

estaba muriendo la que leche daba...!

Clamaba a Dios a todo lamento

con su mujer y sus tiritantes guaguas.

A la panza, agua; y al, hocico trago;

un poco de barro y  bicarbonato;

cerraba los ojos, se estaba muriendo...!

Le hundi la navaja en el duro cuero,

le pic la panza pa' sacarle el aire,

pa' sacar la bazofia, le meti la mano.

La triste maana, qued en silencio

porque las avecillas también contemplaban

a la vaca amiga del bello paisaje;

no comprendan por qué estir la pata;

agitados todos no hallaban que hacer.

Ya que el triste Loncco carajiaba al mundo,

mientras de rodillas su fiel compaera

chirga la ltima gota de la dulce leche

de las t etas fras de la ubre muerta;

no quera perder la materna ayuda

que la vaca daba a sus hambrientas guaguas.

 

EL YARAV

 

Por qué te estn olvidando, Yarav?

Te pari la pena, te pari el celo,

en la luna llena o en algn desvelo;

no mueras!, vive, masqueseya por m.

 

Naciste en la esquina di'una chichera,

en las cuerdas tristes di'un madero,

en el quebranto di'un viejo chichero,

al pie di'un fogn di'una noche fra.

 

Inspiracin loncca hecha lamento,

el tormento di'un corazn que suena,

el semblante triste de una pampea,

decima o cuarteta carajiando el llanto.

 

Versos que cantan sollozos di'una pasin,

en las ccoccas rejas di'una mujer amada,

reclaman beso, una caricia, una mirada,

como plegaria di'un cario en prisin.

 

Lgrimas enjugadas en tiznada ramada,

dentro la humareda di'un fondo de chicha,

con fuerte anizado buscando la dicha,

gorgojeando el Loncco y la triste guitarra.

 
 

EL AMONTONO

 

Una escarchada tablada de papas,

en el fresco amanecer espera

al amontonador que surquea

después del guaneo, con chacas.

 

Brillan en el hombro sus lampas,

en su tranco firme por la raima,

se renen los lonccos pa' la faina,

cruzando a prisa verdes pampas.

 

Sus sombreros pintados con sudor,

de muchas jornadas de esfuerzo,

mientras un silbo tararea un verso,

impaciente por comenzar su labor.

 

Slo esperan que la hora ordene,

pa' principiar a rajar la tierra;

afilan su lampa con una piedra,

pa' que no haya suraino que la frene.

 

Rompe con un carajo el ms viejo,

es el capitn que encalla la lampa,

levantando la primera tranca,

el ms mandn por ser el ms trejo.

 

Doblan la espalda en el surco,

agarrando cada uno su pata;

las acarician de mata en mata,

ablandando el terreno quirco.

 

Al cual mejor, sacan su contada,

pa' que las critique el cruel capitn;

si trabajan mal, las papas no dan,

como el pecho de la paloma la chaca.

 

Sus camisas hmedas por el sudor,

por gastar la lampa con sus callos,

arreyando la tierra pa' los tallos,

con sus bromas pa' mitigar el dolor.

 

El patrn Calilla ayuda al ms lerdo,

el sobn Alférez al viejo capitn,

cuando solpla la chicha que dan,

y el ms taima'u se hace el sordo.

 

Slo cuatro riales por el esfuerzo,

cuando se termin el destajo;

ms caro fue el bendito carajo!

por ganar las papas pa'l almuerzo.
 
 

EL GRANERO

 

Pajar hecho con el sudor de mis tatas,

adobes pircados con el podri'u barro,

pa' guardar el resto del fruto cosecha'u;

granero con tijeral de la mejor madera,

con su techo de paja y tortia'u de cal;

sus claraboyas buscando rayos del sol

y covachas pa' guardar lo ms sagra'u.

Donde roncaban las palas traspalando

el montn de trigo mentana guarda'u;

donde se curtan las quircas reyatas,

como cordeles que jalaban  paredes,

cargando el charqui del gana'u aventa'u

y petates de llama con grano cambia'u,

donde los ensullados montones de papa

buscando luz hasta que la siembra llegue:

blanca, negra, salamanca y chaucha.

Los dientes arrugados del maz chulpe:

el culle negro y el colora'u chapudo

esperaban su desgrano de ao en ao.

Mi viejo granero!,  cmo te extrao!,

bal de los trofeos ganados con trabajo,

de las viejas monturas de cajn colgadas,

ccoccas barretas que en cerros peliaron;

duras riendas que amansaron a los potros

yugos que ccaitiaron a los toros y bueyes.

gastados aperos que amasaron tierra,

cabos de lampas comidos por los callos,

qquepinoes en caronas de cargar trigo,

y sinchos con accoccayados garabatos.

Cmo te extrao!, mi viejo granero...

ya no abre a tu puerta la llave de loba,

se accoccayo la chapa por falta de uso;

te debor el tiempo, mitigando el  hambre;

los moscardones, tu madera tragaron,

se cay tu techo, por no mirar su dueo

a tus paredes la carcomi la lluvia;

regres a la tierra donde la trajeron.

Mi viejo granero!, hoy abandonado;

llorara de pena si te viera el dueo,

volvera a morir con un desmayo,

por su "guardador de su pan pa' mayo".
 
 

LA CCONCHA

 

Siempre la quija del Loncco

en tres tiznadas piedras mora,

era la cconcha que en la chacra

en ceniza las huacacaras volva;

eran las tres piedras acaloradas

calientes del rescoldo guardado,

un pedazo de charqui chancca'u

en la piedra a la presa la doraba;

boca'u que haca qquetimbiar

con un mordiscn di'una cebolla,

un vaso chicha husma o sayana

sacaba el qquechuro con sudor;

luego la olleta con agua y vapor

agotaba el aderezo de ajo y sal

con la carne de res del camal,

pa' hacer el chaqque de nabos;

papas del vecino llauqquiadas,

bien chanccadas en el batn,

con un choclo verde ccahuiu

y patasca del buen trigo remoja'u;

tripas y cecina pa' espesar el ro,

verdura ccachida, una taja zapallo;

también aj colora'u pa' dar color;

chicharrones pa' mejorar el sabor,

en la ancana un ccachi de tosta'u;

el Loncco se quedaba esponja'u

al pie de la cconcha qui'an olvida'u.
 
 

LA LECHERA

 

El desayuno del mejor brote

traa alegremente en el alba,

la leche blanca en su carga,

llegaba con pausado trote

y arreyando con su quirco azote,

Lecherita de mis recuerdos;

causante de mis insomnios;

adis ccala malamedra!,

saludas a mi raimada suegra...

As, deshojaba sus dichos lonccos.

 

Siempre fresca como una rosa,

en su burra parda montada;

cmo quemaba su hechicera mirada;

bien sonriente y salerosa,

como buena arequipea, tirando prosa;

de reyatas y lloqque duro, su cern.

con sus limpios porongos de latn,

mientras ella, su yarav silbaba,

su inquieta burra rebuznaba,

oliendo pa' meyar, buscaba un rincn.

 

Jala'u pa'trs su huaccali sombrero;

pa' un la'u sus piernas con su pollera,

las largas trenzas de su cabellera

que abrigaban a su pecho hechicero,

arrancando suspiros del mejor caballero.

Con su ccocco litro por medida,

reparta la blanca y materna bebida,

entre los soolientos ccalas galgos,

apeyndose y montando con giles saltos.

Buenos das comadrita...!, burra...!

 

Y  hace tiempo la espero en la esquina

a mi hermosa y cautivadora lechera,

creo que algn loncco la tiene prisionera

o la auyent la edionda gasolina,

nadie me da razn, ni los vientos de la cima.

Pobre y triste, por mi mala suerte,

ya que por orgullo no quise quererte,

mi corazn ya est qquetinbiando,

inclencle estoy por haberte amado tanto,

quiero olvidarte, pero slo con la muerte.
 
 
 

EL RAJADIABLOS

 


Dicen que rajaba los diablos

por los chicotes cruzados,

corriendo de un la'u pa'l otro

en su viejo caballo alazn.

Con su montura de cajn

y sus riendas de cuero'i llama,

hacia lo que le daba la gana

sin tener respeto al montn;

por haber vivido a todo lazo,

a nadie haca caso,

cuando tuvo sus veinte aos

era un joven osccollo asusta'u,

pero cuando estaba monta'u

y con su surriaga en la mano,

amaneca siempre corretiando 

por tomar té pitia'u temprano.

Era un loncco de pocas palabras,

donde pona el ojo pona la bala!;

si su zurriaga tronaba

era porque buscaba a su amada;

luego de espolear su caballo ,

se perda en el oscuro polvo,

sin pronunciar ninguna palabra

pero con una maltona en el anca.

Su viejo alazn muy engredo,

por la  panzada de biscochos

que en su sombrero le daba,

con una copa de vino

en su bota de buena cabritilla.

Cuando estaba en borrachera,

su alazn lo buscaba;

entraba a la tienda a sacarlo,

lo despertaba con su resuello,

hociquindolo fuerte en  el cuello,

lo sacuda hasta despertarlo;

as gozaban a todo lazo la vida,

dos amigos pasiando el orgullo.

Una triste maana, no lo encontr

se haban robado a su alazn;

buscaba como loco el rastro,

y lo encontro tendi'u en el pasto:

baau en sudor y tiritando;

se  haba regresa'u cojiando

con sus dos piernas quebradas;

quizs saltando una acequia

con esfuerzo o en un hueco  

di'un mal camino,

maldeca al ladrn a sesino

y al que encontraba a su paso;

tena que pegarle un balazo

pa' quitarle el cruel tormento;

no encontraba el armamento,

se escondieron sus amigos,

slo sus perros por testigos

tom la ms triste  decisin;

sac un ccaito di'un costal

y le tuvo que atar el hocico;

busc una lampa y un pico,

se puso abrir la sepultura,

mientras el animal pataliaba;

él su sudor y lagrimas se tragaba,

despidiendo tan noble animal.

Paso el tiempo despiadado,

cabizbajo y muy encorbado,

tuvo que aprender a caminar,

a sufrir y olvidarse de gozar,

dobl el pico y call el ocico,

porque en esta triste vida

"los orgullos y vanidades

nunca duran eternidades".

 
 

EL CAMAYO

 

Una braza en la noche se anima,

se columpia en el oscuro campo;

es el cigarro que tirita en la mano

di'un camayo que se atolla regando.

 

Con su lampa que lleva en el hombro,

busca los bordos pa' sacar la chamba;

agitado, chimba la escarchada hierba

endilgando surcos, arreglando trancas

 

Compone la chaca que'st mal formada,

sacando la pata que no est surquiada;

sacando el suraino pa' que no deslave,

controla la huaica en la chacarina.

 

Arrechina todo pa' que nada escurra,

la hora le gana, el chilicuto advierte;

el qquesqque se mofa, el g allo lo apura;

el fro acaricia la silenciosa lucha.

 

Las plantas tawis deben ser regadas,

hasta que la mita con dolor se acabe;

riega una calle, riega una tablada,

correteando de la cabecera hasta la culata.

 

Buscando la sequed', de mata en mata,

no pierde ni gota, pa' que no haya caida;

sus botas le ayudan sin temer al barro;

est ladrando el perro para la cascada.

 

Una carajiada, con el rondador y nada,

la compuerta caye y le corta el agua;

el loncco triste por no acabar su faina,

remanga su poncho y cierra el boquern.

Una pequea braza se columpia y se aleja...

"es un cigarro que tirita en la mano

de un viejo camayo que estuvo regando".

 
 
 
 

EL LAMENTO

 

 

El loncco de don Manuel Toribio,

desgraciado desde su modesta cuna,

se cas con la colérica de doa Eulalia,

la picantera ms afamada del pueblo.

Cmo lo haca trabajar esta seora...!

 

Ya sali el lucero...!, hay que cargar agua...!,

hay que llenar la paila pa' la chicha...!,

los cuches estn hociquiando el corral!,

estn de hambre!, llevles la ccaccallocca!,

las gallinas estn picando el guano...!

 

Llevles el anchi que se est mosqueando!,

esos conejos se van a comer entre ellos!;

no has podi'u ccachir un poco de alfalfa?!  

ahur, no hay ccapo, races, ni guano!,

qué vas atizar en la cconcha?, malaveni'u...!

 

Corré corriendo!, llev el gana'u a la chacra!,

ya se los estn comiendo las moscas!;

tens que lavar la tinaja y las chombas!,

se va a picar esa chicha, carajo...!

 

qui'hacs para'ui escuchando...?!,

quers saber lo que conversamos...?,

no tens que hacer?, badulaque...!

and a desempoyar el giapo!

y al seco de la hera, llevlo al molino...!

 

Lo trataba como un burro de estaca,

aunque rezongando, pero lo haca;

pa' doa Eulalia todo estaba mal...

 

Un da, llevaba en la burra el giapo,

pero, para el mal de sus culpas,

se le atraves un burro maoso

y se la llev qquetimbiando a su burra;

lleg la noche y no la pudo encontrar.

 

Eulaliaaa...!,

un burro se la ccatata'u a la burra...!,

me' cansa'u de buscarla y no sé a'nde si'aido...!

 

Y tu'ava tienes cara pa' venir...?

no quiero ni verte hasta que la encontrs!

te voy acabar la tocpina en el lomo!,

Cuchimacho...!, Relincho!, Hunter bandi'u!

 

Don Manuel Toribio estaba ms asusta'u

que una cuche dentro del maiz;

buscaba y buscaba, y no la encontr,

as que se mand a cambiar,

y se fue a las Minas de Potos.

 

Pasaron los das..., y doa Eulalia

comenz a extraar a su mari'u;

por las tardes, suba a lo ms alto del cerro

y lloraba con enternecedor sentimiento,

y deca:

 

Manuel Toriii...bio venii...teee...!,

ya la burra aparecioo...!

en la raya de Hauranguillooo...!

Manuelitooo... compaeritooo...;

venii...teee... Manuelitoooo...!

Manuelitooo...compaeritooo...

Aaay...!

 

Ni los ecos de los cerros le contestaban,

slo su vecina, una modesta campesina,

que afligida gritando peda ayuda:

alcohoool... alcohoool... alcohoool...!

 

 
 

LOS APODOS LONCCOS

 

En mi pueblo haba un sacristn

que a todos les pona apodos lonccos

Que dnde vive don "Juan Cuete",

ms abajo de la "Capa Cuche";

que hoy est de santo el "Cutire",

maana el "Ollaimote" y el "Qquesqque",

pasa'umaana el "Ccaspa'u" y el "Perol".

El "Cherche", "Sacuchichas" y "Getadioro",

ayer si'an ccospia'u; el "Ccalamiche"

con el "Flor de papa", y el "Qquecheras"

el "Pesioso" y "Caimainar" miraban;

el "Pan con llatan", el "Copaipalo"

discutan con el "Cinco pa' la una",

causa del "Ccariche" y el "Orejailata"...

Si'aido amontonar ahurita el "Bajamar",

el "Pata maldita", el "Tawa" y el "Pichus"

donde el "Occotefino" al Agramayo,

y a'nde la "Mula", la "Remula" y la "Bestia";

si'aniu el "Lloqque", el "Chocca" y el "Palote",

el resto, a'nde el "Pecho'ilata"

y el "Timn de apero y  palo";

nadie a'ido a'nde el "Churanas",

a'nde el "Choroilas"  y el "Siete siete";

mientras que el "Aeropajita",

el "Media lampa", el "Santo quema'u",

el "Boca'ifierro", el "Charqui" y el "Gicho"

estn asolindolos el la Plaza,

ocupndose del mundo entero.